martes, 24 de junio de 2008

Mitos...

Los mitos son ficciones tejidas por la ausencia

Esta mañana me acerqué hasta la zona del Congreso, ya que quería sacar algunas fotos de la plaza y los monumentos para el libro que estoy intentando terminar. Mudos, los citados monumentos servían de escenario a las carpas allí instaladas. Y mis pretendidas fotos de la ciudad se mezclaron irremediablemente con las de la actualidad.

De repente, un señor de abrigo gris y cara de culo les dijo algo a un par de chicos de una de las carpas (no escuché exactamente qué) y la respuesta fue un somoro insulto segudo de la conocida Si Evita viviera sería montonera.

Sin dudas, el mito de Evita se enquistó en la sociedad gracias a su muerte. Su obligada ausencia armó una historia que posiblemente nunca hubiera ocurrido si Eva hubiera vivido lo suficiente para volver con Perón en los años setenta.

Todos sabemos, aún esos que lo utilizan hoy como estandarte porque necesitan de él para subsistir políticamente, que fue Perón el que decidió comenzar la lucha oscura contra la izquierda. El asesinato de Rucci inclinó la balenza y el viejo General empezó a armar la represión sombría de su otrora maravillosa juventud. En esas circunstancias, quién podría afirmar con incaludicable certeza que Evita no hubiera avalado la decisión de su marido y mentor. Posiblemente ella hubiera guardado silencio, como lo indicaba su incondicional amor por Perón. En la duda, debemos aceptar que es improbable que Evita se hubiera puesto del lado de los Montoneros, oponiéndose a Perón.

El problema de los mitos es la realidad. Perón volvió y con su vuelta le dio un golpe mortal al mito que se hubiera creado en torno a él si se hubiera quedado en España. Posiblemente el regreso le haya impedido ser hoy algo así como el Che Guevara... Si hubeira muerto en el exilio, los jóvenes de hoy cantarían que si Perón existiera sería Montonero.

Perón en el destierro era el líder de la causa social de la Latinoamérica oprimida. La vuelta lo obligó a mostrar sus cartas y lo condenó a ser hoy un líder invariablemente utilitario pero secretamente denostado. Lanusse lo provocó, el viejo volvió y hoy a nadie se le ocurre asimilar a Perón a la combativa ideología montonera.

Mitos, la ausencia, la ficción, la realidad urdida en la imaginación.

Y los chicos siguen cantando por Evita.
Y el nombre de Perón sigue siendo el bastón de mando.
Y seguimos viendo a Tinelli.